7 jun. 2014

El Rosellón de Joan Pau Giné, el país pequeño que hace cosas grandes

De los 7 millones de catalanes, 450.000 son franceses y más de la mitad de ellos viven en el área metropolitana de Perpiñán. Son pocos, pero les quiero mucho. El Rosellón es un país pequeño capaz de grandes cosas, a veces. Por ejemplo el monumental álbum discográfico “Canten Giné” que acaban de dedicar al popular y añorado cantante Joan Pau Giné, fallecido prematuramente en 1993 en un accidente de carretera, a los 45 años. Los cuatro CD incluyen versiones de sus canciones por parte de un centenar de cantantes y grupos musicales actuales de todos los países catalanes, inclusive del Alguer. Salvo Joan Manuel Serrat, no creo que ningún otro cantante catalán haya merecido una recopilación, una reinterpretación comparable. Joan Pau Giné movía al público en el Rosellón y la fe mueve montañas, el Canigó en este caso. Movilizar y gravar a este centenar de
intérpretes de temas versionados de Giné ha sido la epopeya del pequeño Rosellón y la proeza de Ramon Faura (presidente del Colectivo Joan Pau Giné), Esteve Salabench (presidente de la Asociación Adiu ça va?) y del veterano y activo cantante rosellonés Pere Figueres.
Cerca de noventa canciones distintas de Joan Pau Giné son reinterpretadas en todo clase de estilos por voces de hoy, la mayoría de las cuales no le conocieron. Yo le escuché cantar en las plazas mayores y las salas menores de los pueblos roselloneses, coreé junto con su público el “Muntarà, muntarà l’allioli, l’allioli munta i muntarà” o bien el estribillo ineludible “Adiu, ça va?, tinc la bicicleta desbotada. Adiu, ça va?, tinc la goda de baixar a botar”. Y comprobé a pie de escenario que su obra no se detenía en los ritornelli más conocidos. 
Ahora la proeza participativa del álbum-libro “Canten Giné” no es tan solo musical. Se suma el envidiable diseño gráfico de la ambiciosa y extensa edición, así como la calidad de los textos que incorpora, ya sean las letras de todas les canciones como su contextualización cultural por parte de Donald Smith, catedrático canadiense residente en Collioure, y del cronista rosellonés Jaume Queralt, que es desde hace décadas el descifrador más atento de esa identidad.
“Canten Giné” no es tan solo el mejor monumento imaginable a un cantautor, es una demostración de voluntad y de vitalidad de un país como el Rosellón, donde la canción en catalán se halla más marginada que en ninguna otra parte de los circuitos estables. Y aquella demostración de que la fe mueve montañas, comenzando por el Canigó. 
La iniciativa sin precedentes ha coincidido con la presentación en Barcelona de la nueva colección discográfica “Nord”, impulsada por Pascal Comelade, dedicada a músicos roselloneses y distribuida por el sello Discmedi. Dentro del más auténtico estilo Comelade, se declara “una iniciativa espontánea, irregular, sin ningún tipo de teoría, fuera de toda oficina cultural, de todo circuito oficial e institucional”.
La primera caja de cuatro discos de la colección incluye la reedición digital de los tres primeros vinilos de Pere Figueres bajo el título “Olors de vida”, el de Pascal Comelade “Música pop del Rosselló”, la reedición con material inédito del de Gerard Jacquet “El tro” y el recopilatorio “Música electrònica a Catalunya Nord”. 
Y sin remontar muy lejos, en octubre de 2013 asistí con rejuvenecida satisfacción a la inauguración de temporada del flamante teatro del Archipel de Perpiñán. No lo hice por per el acontecimiento social ni por las originalidades constructivas del arquitecto Jean Nouvel, sino por la obra programada, la reposición de la obra magna de los dos principales creadores roselloneses del siglo XX en lengua catalana: la cantata sinfónico-coral O Món, con letra del poeta Jordi Pere Cerdá y música del cantante y compositor Jordi Barre, ambos nacidos en 1920 y fallecidos en 2011.
Jaume Queralt, de nuevo, lo resumía de un modo que yo no sabría mejorar: “Uno inventó el mundo, el otro le puso música, y ambos lo convierten en una magnífica cita de esta ‘primavera de invierno’. El humanismo en emoción y en razón. El humanismo en resistencia. La poesía que despierta. Oh mundo”. 
Escuché la cantata con una emoción contenida con dificultad. Para mi no era solamente un concierto sinfónico-coral, sino el reconocimiento de la talla de dos autores que algunos hubieran deseado confinar al armario del localismo por la opción que practicaron a favor de la lengua catalana. Pese al reconocimiento de que gozaba Jordi Pere Cerdá en los cenáculos literarios y la enorme popularidad del cantante Jordi Barre en el Rosellón, el grado de autoestima del país y la presión de culturas más amplias les hubiera querido arrinconar a un alcance menor, a cuatro versos bien dispuestos y cuatro cancioncillas para halagar a las nostálgicas raíces. 
Con la cantata O Món ambos demostraron la magnitud de un liderazgo. Su reposición –la ardua sentencia de la posteridad— engrandeció más aun la figura de Jordi Pere Cerdá y de Jordi Barre. Ahora el cantante rosellonés Pere Figueres acaba de editar el CD “Ocells”, con 29 canciones extraídas del poemario homónimo de Jordi-Pere Cerdá, otra joya de la creatividad rosellonesa a pesar de aquella falta de circuitos estables. 
Yo no diría que el inusitado libre-disco “Canten Giné”, la colección discográfica “Nord”, la cantata O Món y el disco “Ocells” sean hechos estrictamente musicales. Son la respiración sincopada y persistente del pequeño país que hace cosas grandes, cuando puede.

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