2 mar. 2017

Montserrat Catalán nunca se jubilará del todo, espero

Debe ser verdad que el principal legado del presidente Tarradellas, del que ahora se conmemoran los 40 años del retorno a Catalunya en ejercicio del cargo, consistió en preservar en el exilio la vigencia de la institución catalana de autogobierno mediante un talante cargado de realismo y discreción. Aunque aseguraría que dejó otro legado importante: el embrión del Archivo Montserrat Tarradellas de Macià, con el nombre de su hija, en el monasterio de Poblet. Durante las últimas tres décadas se ha convertido en una joya de documentación histórica, regida por el patronato presidido por los abades sucesivos, el hijo Josep Tardadellas i Macià y el profesor Josep M. Bricall (en la foto), pero gracias igualmente a la ingente tarea en el
día a día llevada a cabo por la directora Montserrat Catalán, una de las secretarias del presidente en el Palacio de la Generalitat desde la llegada en 1977 y heredera aventajada de su talante.
Era una joven funcionaria de la Diputación de Barcelona cuando entró al servicio del presidente. Le siguió al abandonar el cargo en 1980 y también después de su muerte en 1988, dirigiendo el nacimiento y el despliegue del archivo documental en Poblet. Ha sido capaz de cubrir cada día en coche el trayecto de 125 km entre el domicilio familiar en Barcelona y Poblet, durante tres décadas. 
El actual abad y presidente del patronato la acaba de jubilar. Ahora dirige, nombrada por la Generalitat, los actos conmemorativos previstos con motivo del cuarenta aniversario del retorno. 
Al decidir el presidente Tarradellas en 1980 dar sus archivos al monasterio de Poblet y crear allí una fundación de investigación con el nombre de la hija Montserrat Tarradellas i Macià, se le criticó por no hacerlo en el Archivo Nacional de Catalunya, en la Biblioteca de Catalunya, en el monasterio de Montserrat o en cualquier otra institución simbólica. El archivo Tarradellas de Poblet nació entre el escepticismo general y en algunos casos la hostilidad. 
El presidente argumentó que el monasterio cisterciense es el panteón de los soberanos de la corona de Aragón y representa la continuidad histórica de las instituciones catalanes. El argumento no convenció a todo el mundo. Le atribuyeron segundas intenciones anti-montserratinas. 
El extraordinario despliegue actual del archivo de Poblet en fondos propios, cesiones documentales de numerosas personas, instalaciones y utilización pública ha contado con el apoyo de los abades sucesivos y de la Diputación de Barcelona, pero también del permanente impulso en la sombra de Josep M. Bricall y la dedicación titánica de Montserrat Catalán. 
Hoy Montserrat Catalán se ha convertido en un pozo sin fondo (mejor dicho, con muchos fondos) de conocimientos de todo tipo. Ha recibido del presidente Tarradellas --y de Josep M. Bricall-- un sentido de la discreción que no se relaja ni ante los magníficos guisados de la Fonda dels Àngels en Montblanc, otra autèntica institución del país en la que ella y sus invitados hemos comido juntos con mucho agrado durante largos años y nos hemos asombrado al borde de aquel pozo que acabo de aludir.
No la han jubilado de la forma que se merecía, aunque quiero pensar que ella nunca se jubilará del todo.

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