14 abr. 2017

El Viernes Santo incógnito de Atahualpa Yupanqui en el pueblo ampurdanés de Monells

El próximo mes de mayo se cumplen 25 años de la muerte de Atahualpa Yupanqui. De vez en cuando todavía escucho su voz terrosa en Las coplas del payador perseguido o pido a algún amigo que las cante de nuevo alrededor de una sobremesa propicia y lo encuentro un maestro plenamente vigente, un clásico sin tiempo ni muerte, un gigante alzado desde abajo. Le vi actuar en varias ocasiones, mi adicción no existiría con la misma intensidad sin aquella percepción en directo de la solemne sencillez de un genio. Contribuí además a relatar un capítulo ampurdanés poco conocido de su  biografía. Pasó la Semana Santa de 1978 en el pueblo de Monells, sin que nadie lo supiese,
como reconoció tres años más tarde (Punt Diari, 22-7-1981).
No dio detalles de cómo fue a parar ahí, de modo que el enigma me interrogó largo años. Intuí que la estancia de incógnito debía guardar relación con la llamada República Independiente de Monells, el grupo de artistas de distintas nacionalidades que eligieron el pueblo como residencia secundaria, encabezados por el pintor August Puig y su segunda mujer, la sueca Ingrid Hellström. 
Más de tres décadas después pude aclarar, gracias a la colaboración del hijo Pau Puig y de Joëlle Lemmens, que Yupanqui llegó a Monells invitado a la casa de la amiga argentina Perlita Franco, casada con el artista plástico norteamericano Lawrence “Laurie” Barker, uno de aquellos integrantes de la legendaria e informal República Independiente de Monells. El matrimonio residía en Barcelona desde 1970 y veraneaba en el pueblo ampurdanés. 
La amistad de Yupanqui procedía del padre, Juan Carlos Franco Páez, compositor e intérprete nacido en Tucumán en 1898. A partir de 1927 había integrado con él el dúo Chavero-Páez de música folklórica (Chavero era el apellido real que utilizaba el joven que acto seguido adoptó el nombre artístico de Atahualpa Yupanqui). Escribieron en común el tema “Pa venirte a ver”, mientras que Franco Páez fue autor del instrumental “Imposible”, que yo he escuchado cantar en mi casa a Juan Falú, en la versión recopilada por Andrés Chazarreta. 
El músico Juan Carlos Franco Páez era un joven militar destinado a Jujuy. Se convirtió en figura de leyenda tras ser designado de oficio como abogado defensor en el consejo de guerra contra el tipógrafo y militante anarquista Severino Di Giovanni, fusilado el 1 de febrero de 1931 en Buenos Aires, una historia inmortalizada por Osvaldo Bayer en el libro Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia (Ed. Galerna, Buenos Aires, 1970) y posteriormente por la obra de teatro de Leonardo Goloboff Aprendiz de hombre, estrenada en 2004 en la capital argentina. 
La brillante e inútil defensa jurídica realizada por Franco Páez ante el consejo de guerra le costó la enemistad del ejército y un exilio temporal en Paraguay. A su regreso, rehabilitado, murió repentinamente durante un banquete militar, tal vez envenenado.
Atahualpa Yupanqui guardó siempre la memoria del compañero de juventud y la relación con sus hijos, entre ellos Perlita Franco, más adelante residente en Barcelona y veraneante en Monells, donde le invitó a pasar las vacaciones de Semana Santa en 1978. 
Escribió en Monells un poema que alude a aquellos días, cuyo manuscrito regaló al pintor August Puig. Las fuertes lluvias caídas el Viernes Santo le llevaron a anotar al día siguiente:

Ayer murió Jesucristo y hoy llovió de madrugada.
El mundo eligió Monells para derramar sus lágrimas.
¡Qué brillo sobre los prados! ¡Qué olor a tierra mojada!
Cómo cabalga el silencio por la carretera larga.
Monells de las quietas piedras ¡adiós, que me voy mañana!

No es la única referencia catalana en la trayectoria de Yupanqui. Su primer profesor de música fue, en el pueble bonaerense de Pergamino, un cura catalán (no especifica su nombre, algunos biógrafos le llaman Ricardo Rosaenz y lo dan por vasco), quien le enseñó melodías tradicionales catalanas que nunca olvidó. Ya consagrado mundialmente y residente una parte del año en París, Julio Cortázar le dio un poema suyo ("El árbol, el río, el hombre") por si deseaba ponerle música. 
No lo hizo. Prefirió recitarlo en los conciertos, tocando como fondo instrumental con la guitarra una de aquellas melodías catalanas aprendidas en la infancia. Concretamente "El testament d'Amèlia", tal como él mismo explica e interpreta en un vídeo consultable en YouTube. 
Los miembros de la República Independiente de Monells que le acogieron se fueron disgregando con el paso del tiempo. Hoy el pueblo tiene una pequeña escultura de Marcel Martí que recuerda el emplazamiento del taller del pintor August Puig. En cambio no prosperó la idea de colocar una placa con los versos que Atahualpa Yupanqui dedicó en 1978 al “Monells de las quietas piedras”.





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