24 jun. 2017

El nuevo museo de Perpiñán saca partido de las tres visitas de Picasso

El Museo de Arte de Perpiñán inauguró ayer con gran aparato oficial su renovación, para compensar los largos años languidecientes del establecimiento. Lo hace con una exposición temporal dedicada a las visitas de Picasso a Perpiñán, de 1953 a 1955, siempre alojado en el céntrico palacete de sus amigos Paule et Jacques de Lazerme en la calle del Ángel nro. 16. A partir de 1979 la casa se convirtió en museo municipal Jacint Rigau, con el nombre del pintor que nació entre sus paredes en 1659. Una vez trasladado a París, optó por llamarse Hyacinthe Rigaud al convertirse en retratista de la corte de Luís XIV y Luís XV. En la época de las tres visitas de Picasso, en la planta baja tenia tienda abierta el fotógrafo Raymond Fabre, quien pudo retratarlo con detenimiento, tanto en el estudio como por las calles. Su foto de estudio de Picasso con barretina, tomada en Perpiñán en 1954, fue subastada por 24.000€ en mayo de 2016 en la galería vienesa Westlicht. Picasso, residente en París, ya había veraneado en la villa vecina de Ceret de
1911 a 1914, invitado por Manolo Hugué. Él y sus colegas convirtieron a la capital de la comarca del Vallespir en meca del cubismo, tal como recuerda actualmente el flamante Museo de Arte Moderno de Ceret.
Ahora Perpiñán desea recuperar terreno con la renovación del suyo y la evocación de las visitas posteriores de Picasso.  En la de 1953, del 12 al 17 de agosto, Picasso aprovechó para asistir a la corrida de toros del día 15 en Collioure.
Regresó el 5 de setiembre a casa de sus amigos de Perpiñán y al día siguiente asistió a la corrida de las arenas de Ceret, donde reencontró conocidos de la etapa anterior y dibujó alrededor de una mesa de café «La Sardana de la paz», donada a la sección local del Partido Comunista Francés. También hizo donación al embrionario Museo de Arte Moderno de Ceret de una serie de cerámicas de temas de tauromaquia, pintadas por él aquel mismo año en Vallauris y hoy expuestas en el establecimiento ceretano. 
Picasso retornó a casa de los amigos perpiñaneses Lazerme a primeros de julio del 1954. Paseó de nuevo por los escenarios de Collioure y Ceret, así como por el centro de arte perpiñanés de cerámica de Sant Vicenç, fundado por su amigo Firmin Bauby. 
Se quedó todo el verano, alquiló la Villa Miranda de Collioure y se interesó por la adquisición del castillo real de esta localidad, asomado al mar, que finalmente no concretó. Los distintos proyectos de colaboración planteados por el pintor fueron recibidos con mucha frialdad por las autoridades rosellonesas del momento. 
Aquel verano de 1954 pintó sobre papel los retratos de la mujer y la hija de Manolo Hugué y los tres retratos de la anfitriona Paule de Lazerme en vestido tradicional catalán, que hoy figuran allí donde él mismo los colgó. Durante aquel verano perpiñanés se produjo la ruptura con su mujer Françoise Gillot y la oficialización de la nueva relación de pareja con Jacqueline Roque. 
En 1955 Picasso regresó durante las vacaciones de Pentecostés a la casa de los Lazerme, donde recibió la visita de viejos amigos barceloneses como el galerista Joan Gaspar y su mujer Elvira Farreras. 
La anfitriona Paula Dabadie, nacida en 1910 en Sant Feliu d’Avall (Rosellón) se casó en 1931 con el conde Jacques de Lazerme y fue conocida con el nombre de casada o bien con el título de condesa de Lazerme. Su casa fue cedida al Ayuntamiento, quien en 1979 la dedicó a museo municipal de arte.
La señora de Lazerme falleció en Perpiñán en 2012, a los 102 años. Ahora el palacete ha sido renovado y estrena la nueva disposición museística con el reclamo de Picasso en Perpiñán.

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